Mostrando entradas con la etiqueta GONZALO ALMENARA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta GONZALO ALMENARA. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de octubre de 2007

LA MUSICA DEL SAHARA

Los desiertos tienen mares de estrellas, y dunas que son como nubes, que pasan despacito. Al desierto no se llega, se acaba en él, se naufraga, y nos diluye siempre en la lejanía, como ocurre con los recuerdos, que se hacen líquidos, y el tiempo termina siendo, la última imagen. En el desierto el vacío entra como el aire, y se queda, suspendido, en un globo, hasta difuminarte. En el desierto no se puede desear o esperar, salvo que se quiera enloquecer, como los que intentan dejar su huella en la arena del desierto. En el desierto los sentimientos son puros e indiferentes, de supervivencia, ideal para personas con el alma cargada; si no se abandonan y desaparecen. En el desierto no se puede sentir miedo, sólo pánico, porque sólo existimos nosotros en el desierto. En el desierto, según pasamos, terminamos sintiendo todo, al agrandarse los sentidos y transformarnos en paisaje lunar. En el desierto no puedes hacer caso a los espejismos, porque una decepción, al límite del horizonte, suele ser mortal. En el desierto tu voz tiende al rezo o al disparo, según hablas, como en la soledad sórdida del preso en su celda. Lo que tienes es todo y nada en el desierto, que siempre empieza y acaba contigo, en el mismo punto donde estás tú, que te evaporas al mínimo despiste. Para no perderse en el desierto - en el desierto no hay caminos, sólo astros-, es imprescindible mantenerse siempre a la distancia adecuada de uno y de lo otro- cada cual tiene la suya - en medio de la tormenta. Si te equivocas, la medusa del corazón se encoge en un puño. En el desierto, se quiere o se odia, siempre en perspectiva. La estabilidad en el desierto se logra planeando, como un ave, entre dos capas de aire, con el vértigo del equilibrista cosquilleando el alma: si se sube demasiado, o se baja lo suficiente, te desbaratas. Es absurdo echar la vista atrás en el desierto, porque ya es arena a cada paso, y según vas, lo que va viniendo, te contiene la respiración. Y te mueves como un astronauta, sin rastro alguno. Cuando no se tienen alternativas juega el destino, y en el desierto no hay dudas. Los pálpitos pasan a ser mensajes. El desierto es la paz del espíritu, si se acepta, en un ir y venir monótono de lunas y soles. No se puede sentir pena de uno mismo en el desierto, porque la pena se hace contigo.