domingo, 27 de enero de 2008

ERES UNA HISTERICA


A las mujeres siempre nos han atribuido una cierta inestabilidad emocional. No es casual que se nos tache de histéricas cuando los sentimientos nos desbordan y no podemos controlar nuestros afectos. La palabra histeria viene del griego “histery”, que significa útero. Designa el desbordamiento pasional de la crisis de nervios. .
. Pero si este factor juega un papel importante, lo que sucede en nuestro mundo emocional no sólo pasa por las hormonas, sino también por motivaciones psicológicas.. , el sistema emocional de la mujer padece tormentas internas porque su identidad sufre conflictos. Freud descubrió hace más de un siglo que los síntomas que padecían las mujeres a las que trató expresaban simbólicamente un conflicto entre ser objeto de deseo de otro y asumirse como sujeto de sus propios deseos. Esa inestabilidad era la expresión de un combate entre lo que deseaban, y no se atrevían a nombrar, y la fuerza que empleaban en ahogar esos deseos. Cuerpo y mente forman una pareja inseparable que se influyen mutuamente. Crecen juntos y ambos asisten a las inevitables transformaciones que sufrimos desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte. La mujer es protagonista de grandes cambios corporales que van acompañados de las correspondientes crisis psicológicas: la adolescencia, con la aparición de la menstruación; la maternidad y el impacto que la experiencia de tener un hijo comporta; la menopausia y la revolución hormonal y psicológica que conlleva.
Sobrecargadas de trabajo, se ven más afectadas por una cierta labilidad emocional o dificultad para controlar las emociones. . En este caso, necesita espacio para pensar su feminidad y poner palabras a los sentimientos que la sobrepasan para dominarlos. Así, se enfrentará mejor a su fragilidad. Cuando se cambia por dentro, la relación con los otros también lo hace.
LAS CLAVES • La inestabilidad emocional no es privativa de las mujeres. La forma de expresar los afectos es diferente en ellas porque culturalmente se les ha permitido su expresión más que a los hombres, entre otras cosas porque ellas eran las encargadas de administrar la vida emocional de toda la familia y de sostener la fortaleza masculina. • En el caso del hombre siempre se presentó de otra manera. Había que evitar mostrarse frágil para preservar socialmente su lugar en la familia y mantener el tipo. .

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